martes, 27 de octubre de 2015

Está ocurriendo ahora

Qué magnífico espectáculo y que afortunados somos al poder observar el cielo y su tormenta mientras rayos de luz se filtran entre las grietas que dejan nubes blancas y grises, quizá para provocar parábolas absurdas en las que podamos imaginar designios divinos que esperamos que aparezcan en forma de milagros inexplicables.
Esta percepción del concierto luminoso celeste, orquestado por truenos, relámpagos y vellos erizados es, en sí misma, un verdadero milagro que nos empeñamos en descartar para imaginar un milagro de otra índole. Esta ceguera nos atrapa y se traslada a muchos otros campos de nuestra existencia en el que confundimos la tremenda realidad con un reflejo imaginado de ella.
El presente inundado de belleza y de terrores, ese presente en el que vivimos y en el que viviremos siempre, nos parece insuficiente. Para evadirnos de él planteamos grandes planes, grandes proyectos, participamos en la llamada transformación del mundo, sin caer en la cuenta de que el mundo ya se transformaba él solo antes de nuestra efímera llegada a la existencia y, nos guste o no, seguirá transformándose cuando ya no estemos. Nuestro paso es, además de fugaz, insignificante en el magno discurso celeste en el que, frente a los grandes poemas divinos, no somos más que el sonido de una mota de polvo cayendo al suelo en mitad del discurso.
Ese tránsito desde nuestra materialización maravillosa y consciente, hasta tocar con el suelo, eso que llamamos vida, no se aleja mucho de cualquier otro fragmento existente de los muchos que pueblan la tierra.
El que se afana en buscar la gloria pasajera consume en su búsqueda el tiempo y la energía que necesita para ser consciente de sus presentes, con ello pierde de forma irrecuperable su entrada al concierto de la vida que está ocurriendo mientras escribo estas palabras para reflexionar. Todos, dormidos, viajamos en dirección hacia el suelo mientras nuestra conciencia se alimenta de lo que vemos, lo que sentimos, lo que experimentamos en cada fase de nuestra repetitiva respiración, en cada pulsación de un corazón que, al igual que la vida, no tiene más paradas que la última.
El cómplice de este complot es nuestra racionalidad descontrolada que confunde acción con creación cuando, en verdad, creamos para actuar y ver cómo nuestra vida se transforma con ello. Trabajamos para vivir, para comer, para poder pagar todo aquello que necesitamos para la vida actual. Vivimos vidas prefijadas en las que desde nuestras vacaciones hasta el sabor que preferimos nos son inducidos sin que nos tomemos el tiempo para decidir. Cuanto más corremos menos podemos decidir, quizá por eso nuestro entorno se acelera cada vez más. No debemos ni podemos decidir qué queremos, tan solo creernos que hay milagros que ya no ocurren como convertir el agua en vino, pero, ese milagro lo hacen las vides todos los años, tan solo deberíamos poder aprender a disfrutar de ver cómo crece la planta hasta que podamos saborear su fruto o pisarlo para convertirlo en el caldo divino transformado.
El milagro es respirar, es poder ver la luz e interpretar las imágenes de forma consciente en un código de significados que es, también, un enorme milagro que conjuga vibraciones para convertirlas en imágenes, símbolos y sentimientos. El milagro es producir la vida entre dos personas y asistir, día a día, al milagro de la evolución de su consciencia, de la inteligencia y de la personalidad individual que interpretará a su manera toda esta magna e inaprensible obra divina.
El milagro está ocurriendo ahora. Mengüemos la razón descontrolada, evitemos vivir mucho más allá del presente para poder estar aquí y ver todo lo que está pasando, un maravilloso regalo que nos llega del cielo y de la tierra para que nosotros, como tercer elemento de la creación, podamos disfrutar de cada momento. En esos momentos somos los dueños verdaderos de nuestro mundo, somos los verdaderos artífices de nuestra vida y los creadores de los sueños en cuyo descanso se nutrirá nuestro corazón con aquello que nuestros pequeños sentidos no nos pueden transmitir durante el día. Todo esto está ocurriendo ahora mismo.