sábado, 11 de enero de 2014

Enero 2014. Siddharta



Poco puede decirse que no se haya dicho ya de uno de los más aclamados novelistas del siglo XX. Germano de origen, Herman Hesse es uno de esos casos recurrentes del mundo occidental hipnotizado, cuando no enamorado, de todo lo que oriente puede enseñarnos en materia espiritual. Esta búsqueda marcará la dirección de su obra desde sus primeros comienzos.
Hijo y nieto de misioneros, se muestra indiferente ante las cómodas trampas del convencionalismo religioso y moral de su tiempo, escapando de cuantos seminarios intentaron doblegar su inquietud formadora autodidacta. Fiel a este principio, se formó a sí mismo desde la lectura y el estudio personal de aquellos temas que movían sus anhelos y su verdadero interés por el conocimiento. Esta actitud queda reflejada sobremanera en su novela Bajo la rueda (1906), su primer libro editado, en el que se narran los dilemas existenciales de un adolescente. Esta dinámica de pensamiento y de acción le generan una sucesión de inoportunas calamidades que, finalmente, acaban dando al traste con cualquier aspiración positiva que hubiese podido instalarse en su vida. Esta exploración sobre la educación, confrontada con el desconcierto propio de la mente de un adolescente, se muestra como un autorretrato ocasional y una exploración retrospectiva de posibles caminos personales alternativos.
Desde su primera novela, Peter Camenzind (1904), deja claro su rechazo a la sociedad que le acoge, mostrando un interés temático por los aspectos propios del misticismo urbano, que localiza escondido en las solapas de vagabundos y bohemios. La palabra inconformista sería uno de sus apellidos naturales claramente expresado en los diferentes temas de sus obras.
Su postura frente a la rigidez de la burguesía convencional, en contraste con la espiritualidad de oriente, marcan sus líneas evolutivas personales, llevándole a explorar los aspectos psicoanalíticos del ser humano en dos grandes obras como son Demian  (1919) y El Lobo Estepario (1927). Estos dos polos de su obra delimitan un periodo en esta exploración personal que, sin olvidar los aspectos simbólicos del mito recogidos en su magnífico Viaje al Este (1932), marcan un interés profundo por el conocimiento de la esencia humana y su visión desde el plano de la mística. Es en esta fase en la que escribe la novela lírica que tenemos previsto comentar en nuestra próxima cita, Siddharta (1922).
La expresión del instinto personal de búsqueda queda manifiestamente expuesta en esta novela, que nos señala a los lectores una balanza personal entre un profundo conocimiento y una absoluta ignorancia hacia cualquier sentido nuclear de la existencia.
Plagada de mitos y simbolismos, es el fruto de un viaje a la india en el que el escritor, ya veterano (45 años), localiza el pretexto para expresar aquello que los genes de su abuelo y de su padre, ambos anteriormente misioneros en la india, sembraron en su filogenia. Hesse despliega un nutrido grupo de almas personales, materializadas verbalmente en los personajes de la obra, para intentar aproximarse a un Atman fugaz que se le resiste libro tras libro. Subdivide sus inquietudes y sus dudas otorgándoles nombre, personalidad y relación entre ellas. Un gran juego de abalorios premonitorio en título con la que sería su última novela. En Siddharta, el metafórico rio que representa a la vida se muestra como el objeto de observación y crisol en el que se deben fundir las experiencias que otorgan el preciado don del «sentido».
Veremos lo que da de sí esta magnífica novela en nuestro próximo encuentro.


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